
La Casa de la Sal, A.C. es una asociación mexicana no lucrativa, constituida el 9 de diciembre de 1986. Su labor consiste en dar orientación, apoyo emocional y compañía a niños, niñas, adolescentes y adultos, que viven con VIH o SIDA.
La Casa de la Sal, A.C., ha desarrollado una red de apoyo que ofrece servicios, gratuitos, para quienes viven con VIH o SIDA, en diferentes grupos sociales.
En 1986, casi al tiempo en que la Comisión de Nomenclatura de Virus, decidiera
que el agente del SIDA, definitivamente, sería llamado Virus de Inmunodeficiencia
Humana, en nuestro país empezaron a registrarse los primeros casos y defunciones
provocadas por este padecimiento. Fue entonces cuando la doctora en pedagogía
Rosa María Rivero, tuvo la oportunidad de acompañar a uno de esos primeros
pacientes y a su familia, durante el rápido desarrollo de una enfermedad,
prácticamente desconocida y en el inevitable proceso de despedida de uno de sus
integrantes.
Esta experiencia, aunque dolorosa, por la cercanía que la doctora tenía con aquella
familia; motivó a la doctora Rivero a llevar a otros pacientes y sus familias, un
acompañamiento similar. La labor realizada, pronto fue conocida por las autoridades
del Centro Médico La Raza y el Hospital General de México, quienes no dudaron en
buscar el apoyo de la doctora Rivero para ofrecer una mejor atención al creciente
número de personas que contraían la infección. Pronto, el intenso trabajo emocional
y espiritual que se debía realizar, llevó a la doctora Rivero, a convocar a un grupo
de siete voluntarias, quienes a partir de ese momento, sin ser médicos y sin contar
con conocimientos detallados sobre VIH y SIDA, se dedicaron a brindar compañía y
apoyo a enfermos terminales y sus familias.
Así, gracias al entusiasmo y el compromiso adquirido por la doctora Rivero y el
grupo de voluntarias, el 15 de agosto de 1986 nace La Casa de la Sal, institución
que en diciembre de ese mismo año, quedó constituida como una Asociación Civil.
Un par de años más tarde, en sus cotidianas visitas a los hospitales, el pequeño
grupo que, para entonces, daba vida a La Casa de la Sal, conoció a Gilberto, un
joven profesionista diagnosticado con VIH, quien ante la limitada atención que se
ofrecía en los hospitales, pidió a las voluntarias le proporcionaran apoyo y compañía
en su propia casa, casa que luego de su fallecimiento sería entregada a la institución
para convertirse en la primera sede de La Casa de la Sal.
Por poco más de medio año, las voluntarias de La Casa de la Sal, permanecieron
al lado de Gilberto, haciendo más llevaderos sus últimos días y el proceso
de despedida de sus seres queridos. Así, la labor de La Casa de la Sal,
de
acompañamiento tanto en hospitales como a domicilio, se había convertido en una
realidad, pero… aún estaba por llegar una nueva etapa: la fundación del Centro
Infantil.
Luego de una serie de ventas de garage, en las que el menaje de la casa de
Gilberto, se convirtió en los primeros fondos para respaldar la operación de la
naciente institución, las voluntarias de La Casa de la Sal, son contactadas por
autoridades hospitalarias, quienes les solicitan hacerse cargo de tres niños, cuyas
pruebas de detección habían resultado positivas y acababan de quedar huérfanos
porque sus padres también padecían la infección.
Así en 1991, Jonathan de tres años y Azucena de cuatro, se convirtieron en los
fundadores del Centro Infantil de La Casa de la Sal.